El más ligero de los cinco. El mar se intuye, nunca se impone: aquí el protagonista es la luz que devuelve el agua.

Suelo de piedra clara, paredes hueso y un sofá bajo de lino. Los cojines van en verde agua y azules pálidos, que es hasta donde llega el color en esta casa.
La colección de jarrones de cristal soplado sobre la consola no es decoración: es un filtro. A media tarde tiñe la pared de detrás y la habitación cambia de tono sin que toques nada.
El espejo redondo antiguo es lo único que pesa. Sin él, todo sería tan ligero que se iría.




Casas donde apetece quedarse.
Rosalía dos Santos
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