
De niña ya notaba que había casas que me daban alegría y otras que me daban tristeza, aunque entonces no supiera por qué. A los dieciocho entré por primera vez en una casa hecha por un decorador y me fascinó: descubrí que aquello se podía aprender.
Nací en Brasil y vine a Madrid a estudiar en el IED, el Instituto Europeo de Diseño. Terminé en 2009. Lo que vino después fue la mejor escuela: los ambientes que frecuentaba me abrieron casas importantes, viajes y museos, y clientas muy exigentes que me enseñaron a mirar de cerca los acabados y a entender lo que alguien quiere aunque todavía no sepa decirlo.
Sigo formándome donde siempre: libros, ferias de mobiliario y telas. Antes que en redes.

Me llevo bien con las clientas que cambian de idea, que dudan, que se han cansado de otros decoradores. No tengo prisa y no me molesta volver atrás.
Manejo con naturalidad las cosas de valor: un cuadro heredado o una pieza cara se colocan donde tienen que ir, sin convertirlos en altares. Y aporto todo lo que un proyecto necesita, porque tengo los proveedores.
Una casa preciosa donde no sabes dónde sentarte no me interesa.
Ni objetos idolatrados ni superficies llenas. Que respire.
Nunca demasiado moderno sin recorrido: lo que se lleva hoy cansa en dos años.
Que llegues a casa y te dé paz.
Rosalía dos Santos