Andaluza contemporánea, con el olivar entrando por los ventanales. La casa más luminosa de las cinco, y la que mejor explica por qué trabajo con base neutra.

Paredes encaladas, vigas claras y suelo de piedra en tono arena. Sobre esa base no hace falta color: hace falta materia. Lino hueso en los sofás, cojines de pluma grandes, una mesa baja de travertino y libros de verdad encima.
El acento lo pone el verde agua de los cojines y, sobre todo, la luz: entra en diagonal desde el este y a media mañana recorre el suelo entero. Todo lo que hay en el salón está puesto pensando en dónde cae esa luz.
Lo antiguo es la consola tallada del fondo con el espejo dorado. Sin ella, el salón sería bonito y no diría nada.




Casas donde apetece quedarse.
Rosalía dos Santos
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