Verde a la vista desde todas las ventanas. Cómoda, familiar y pensada para que se pueda vivir con perro, niños y gente que entra y sale.

Ventanas en dos paredes y jardín en todas ellas. Cuando el verde ya está fuera, dentro no hace falta más que un jarrón con ramas cortadas esa mañana.
Suelo de madera clara, paredes hueso y un sofá grande de lino con cojines de pluma en greige y verde agua. La butaca de ratán y la alfombra de sisal traen la fibra natural que pide una casa de campo.
Está deliberadamente vivida: la manta doblada de cualquier manera, la cama del perro en la esquina. Una casa de campo impecable no es una casa de campo.




Casas donde apetece quedarse.
Rosalía dos Santos
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