Cal gruesa, vigas oscuras y piedra gastada. El más cálido de los cinco y el que más textura tiene.

En una casa así, el error es querer suavizarla. La cal se dejó gruesa e irregular, las vigas oscuras a la vista y el suelo de piedra tal cual estaba, con sus marcas.
La paleta se va a la miel y la mostaza porque el frío entra de verdad: lana, terciopelo y una alfombra de lana tejida a mano. La chimenea abierta con su rejilla de hierro negro es el centro de la casa entre octubre y marzo.
La ventana es pequeña y profunda, y a media mañana lanza un solo haz de luz que cruza la habitación. Todo lo demás se colocó alrededor de ese haz.





Casas donde apetece quedarse.
Rosalía dos Santos
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